Si hay una cosa que le tengo que agradecer a Mike Oldfield es el haberme servido de puerta de entrada a un montón de tipos de música: minimalismo, celta, africana, new age, rock progresivo...
Oldfield abarca todos esos estilos y más, y ninguno al mismo tiempo. Él hizo que me interesara por otros sonidos que fueran más allá del guitarra-bajo-batería.
Seguramente si solo me hubiera centrado en sus discos hoy estaría encantado con todo lo que hace últimamente: Tr3s Lunas, Light & Shade... Pero no ha sido así. Él me abrió las puertas a otras sonoridades y el escuchar otras cosas me ha hecho tener un mayor sentido crítico y darle la espalda.
Hubo una época en la que me rebelaba contra Oldfield, contra los fans talibanes, contra la enésima versión del Tubular Bells, contra "el mejor disco de Oldfield siempre es el último", contra...
Pero ya no. Para mí Mike Oldfield es una causa perdida, aunque le seguiré desde la distancia a través de webs o del fanzine Orabidoo. Y lo haré porque ha formado parte muy importante de mi afición a la música durante muchos años, y eso todavía me pesa mucho.